Respirar la libertad

Junio tiene algo difícil de explicar. Principalmente, porque viene de lo más profundo de nuestro ser. Es el mes en el que nos invade una extraña sensación de libertad. Cuando nos apetece más que nunca romper las fronteras, subirnos a un avión y descubrir el mundo. Cuando esas cuerdas invisibles, que nos han atado al suelo durante todo el año, comienzan a resquebrajarse. Cuando el cielo es más azul de lo que recordábamos y los planes se agolpan en nuestra cabeza.

Y, ¿cómo evitarlo? Si, aunque todavía estemos lejos de ese lugar de ensueño, nuestra mente ya hace tiempo que se mudó allí. Si en el calendario está marcado a fuego el día en el que nuestra realidad va a desvanecerse. Si aún no hemos decidido si los billetes de vuelta van a convertirse en añicos.

Son solo treinta días, pero ¡qué días! Son ilusión, son elegir los mejores looks de nuestro armario para meterlos en la maleta. Son pegarnos en los escaparates para ver vestidos e imaginarnos con ellos acariciando la espuma del mar. Son pura expectación. Son un par de latidos más de lo habitual.


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